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Aprender a Escribir

29 May


En las universidades de Estados Unidos los cursos de escritura forman parte del currículo desde hace más de un siglo. Para la mentalidad estadounidense, basada en la idea que mediante el trabajo duro y el esfuerzo todo es posible, la idea de que la escritura puede enseñarse y aprenderse jamás planteó ningún problema. Una de las instituciones pioneras en la enseñanza de la escritura fue la Universidad de Iowa, cuyo programa de escritura creativa se fundó en 1897 como un taller para enseñar a componer poesía. Hoy sigue siendo uno de los centros de formación de escritores más prestigiosos del mundo.

Estudiantes de escritura creativa en otras universidades de Estados Unidos se convirtieron también en grandes escritores. Es el caso de Richard Ford, Michael Chabon o Alice Sebold (los tres estudiantes de escritura creativa en la Universidad de California), Ha Jin y Jhumpa Lahiri  (en la Universidad de Boston), Elizabeth Kostova (Universidad de Michigan) o Kiran Desai (cursó dos programas de escritura creativa, en Hollins University y en Columbia).

En Europa, la idea de aprender a escribir tardó más en prender. Uno de sus pioneros fue Malcolm Bradbury, que en los años setenta del siglo pasado fundó un curso de escritura creativa en la Universidad de East Anglia que, para muchos, sigue siendo el mejor de Inglaterra. Desde luego, impresiona ver que ha formado a escritores de la talla de Ian McEwan o Kazuo Ishiguro.

En Taller de los Libros queremos contribuir a formar a los escritores del mañana. Por eso hemos lanzado el Curso de Escritura Creativa, que se impartirá en Barcelona y en Madrid. Para más información, podéis escribir a info@tallerdelibros.com.

Los cuadernos de Mark Twain

23 Mar

En el Curso de Escritura Creativa de Taller de los Libros se aconseja a todos los alumnos que lleven siempre un pequeño cuaderno o libreta encima, para anotar las ideas, situaciones o fragmentos de diálogo que escuchen o se les ocurran mientras están lejos de su escritorio.

Un buen ejemplo de escritor que adoptó la costumbre de llevar siempre encima un cuaderno es Mark Twain. Lo cierto es que compró los primeros en 1857, a la edad de 21 años, y por un motivo muy práctico. Estaba estudiando para convertirse en piloto de un vapor en el Misisipí y aunque empezó convencido de que dominaría rápidamente el oficio, pronto descubrió que le costaba recordar todas las instrucciones que le impartía Horace Bixby, su profesor. Bixby le dijo al joven Twain (que entonces era todavía el joven Clemens), “Joven, debe comprarse usted un cuaderno pequeño para que cuando yo le diga una cosa, pueda usted apuntarla al momento”. Twain aceptó el consejo y empezó así su larga relación con los cuadernos de bolsillo.

Uno de los cuadernos que utilizó Mark Twain mientras estudiaba para ser piloto de un vapor en el río Misisipí.

A lo largo de cuatro décadas de su vida Twain lleno entre cuarenta y cincuenta cuadernos. Muy a menudo empezaba un cuaderno nuevo al iniciar un viaje. Los llenaba de observaciones sobre la gente que conocía, reflexiones sobre religión y política, dibujos y bocetos de lo que veía en sus viajes, posibles tramas para su novelas e incluso esquemas de inventos (poca gente sabe que Twain, además de escribir, registró tres patentes). Muchas de sus entradas en los diarios están compuestas por el tipo de frases ingeniosas y mordaces que lo harían famoso.

Twain estaba convencido de que si no escribía todo ese tipo de cosas al momento, las olvidaría rápidamente. También le gustaba anotar en los cuadernos alguna línea sobre su vida cotidiana (qué había comido o a quién había visto) y, por último, en la contracubierta de los cuadernos escribía chistes verdes.

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Twain se hizo encuadernar artesanalmente sus cuadernos siguiendo un diseño propio. Cada página del cuaderno tenía una solapa y, una vez se había usado esa página, arrancaba la solapa, lo que le permitía llegar rápidamente a la primera página en blanco cuando quería anotar una idea.

Uno de los célebres cuadernos que Twain se hacía fabricar expresamente según un diseño que él mismo había creado.

Igual que un fotógrafo debe llevar siempre su cámara, un escritor debe llevar un cuaderno. Si quieres que te ayudemos a convertir los contenidos de ese cuaderno en una novela publicada, el Curso de Escritura Creativa de Taller de los Libros está hecho para ti. Ponte en contacto con nosotros en info@tallerdelibros.com para reservar tu plaza.

Las ocho reglas del escritor según Neil Gaiman

22 Mar

Neil Gaiman en el escritorio en el que trabaja, que no está dentro de su casa, sino en una pequeña cabaña octogonal de madera que ha construido en su jardín expresamente para ese propósito.

Nadie mejor para aconsejar a un escritor que otro escritor con más experiencia. A continuación os reproducimos las ocho reglas que Neil Gaiman, autor de Stardust, American Gods, Coraline y de la serie de cómics The Sandman, aconseja que todo escritor debe seguir.

1. Escribe.

2. Pon una palabra detrás de otra. Busca la palabra adecuada y escríbela.

3. Acaba lo que estás escribiendo. Haz lo que tengas que hacer para acabarlo, pero acábalo. Siempre.

4. Guárdalo en un cajón un tiempo. Léelo como si no lo hubieras visto nunca. Muéstraselo a amigos cuya opinión respetes y a los que les guste el genero de novela que has escrito.

5. Recuerda: cuando alguien te dice que algo está mal o no funciona en tu novela, casi siempre lleva razón. Cuando te dice exactamente lo que está mal y como arreglarlo, casi siempre se equivoca.

6. Arréglalo. Recuerda que tarde o temprano, antes de que la novela sea perfecta, tendrás que dejarla y empezar a escribir la siguiente. La perfección es como perseguir el horizonte. Sigue avanzando.

7. Ríete de tus propios chistes.

8. La principal regla de la escritura es que si haces las cosas con la confianza y la seguridad necesarias, puedes hacer prácticamente lo que quieras. (Es posible que esta regla funcione también en la vida y no sólo se aplique en la escritura, pero, desde luego, en la escritura funciona). Así que escribe tu novela como deba escribirse. Escríbela honestamente y cuenta tu historia lo mejor que puedas. No creo que haya más reglas. Y si las hay, no son importantes.

Si quieres conocer los secretos del oficio de escritor, hemos creado el Curso de Escritura Creativa para gente como tú. Ponte en contacto con nosotros en info@tallerdelibros.com para reservar tu plaza.

Una mesa muy pequeña para grandes novelas

21 Mar

Robert Graves escribía en una habitación en la que todos los muebles y objetos habían sido hechos a mano. Ernest Hemingway solía escribir de pie mientras que D.H. Lawrence prefería hacerlo bajo un árbol. Katherine Anne Porter dijo que ella escribía cuando estaba en el campo, donde vivía como una eremita. Es célebre que el gran bohemio que fue Benjamin Franklin escribía en la bañera, mientes que Marcel Proust lo hacía desde la cama y llegó a insonorizarse una habitación en París para que nada lo distrajera. Balzac, un escritor de producción y talento superlativos, comía hasta no poder más a las cinco de la tarde, se echaba a dormir hasta medianoche y entonces se levantaba y escribía en un pequeño escritorio que tenía en su habitación durante dieciséis horas seguidas mientras bebía café sin cesar. Cuando sus hijos eran pequeños, Toni Morrison tuvo que refugiarse en la habitación de un motel para poder seguir escribiendo y encontró allí la paz que E. B. White buscó en una cabaña con vistas al mar.

Jane Austen escribió sus primeras novelas en el piso de arriba de la rectoría de su padre en Hampshire, pero no logró publicarlas. Su familia se trasladó a Bath en 1800, pero allí le resultó imposible escribir nada en su nuevo hogar y no volvió a recuperar la inspiración hasta que regresó a Hampshire y se instaló en una casa en un terreno propiedad de su hermano Edward. En esa casa, Chawton Cottage, Jane convivía con sus hijas y con su amiga Martha Lloyd. No sobraba el espacio, así que se instaló para escribir en una pequeña mesa de nogal de doce lados que estaba cerca de una ventana del comedor. En esa mesa, quizá la más pequeña que haya utilizado un escritor, Jane escribía en cuartillas pequeñas que podía esconder con facilidad si venía alguien o tapar con el papel secante. No disfrutaba de privacidad, espacio o silencio y a su alrededor, mientras ella mojaba la pluma en el tintero, las demás mujeres de la casa proseguían con su vida cotidiana.

De esa minúscula mesa en el vestíbulo, a la vista de todos los habitantes de la casa, salieron los manuscritos de Sentido y sensibilidad Orgullo y prejuicio. También en ella escribió Austen Mansfield ParkEmma y Persuación. Tras la muerte de Jane en 1815 y de su hermana Cassandra en 1845, la mesa fue regalada a uno de los criados. Hoy se ha recuperado y vuelve a estar en el lugar en el que Jane Austen escribía, mostrando a los visitantes modernos los pocos aditamentos que necesita el talento para abrirse paso en la literatura. A continuación mostramos una fotografía en primer plano de la modesta mesa y una segunda fotografía del salón, donde el pequeño escritorio de Jane junto a la pared apenas puede verse, casi oculto por la mesa del comedor, en la que puede apreciarse mejor su pequeño tamaño y su posición en la casa.

La modesta mesa en la que Jane Austen escribió sus grandes novelas.

Una perspectiva del salón de Chawton Cottage, la casa en la que Jane Austen escribió sus grandes novelas. Junto a la pared, detrás de la mesa de comedor, se aprecia la diminuta mesa en la que escribía y que hemos visto en primer plano en la fotografía anterior.

¿Por qué algunos escritores prefieren tener compañía y que haya ruido de fondo mientras otros necesitan el más radical aislamiento? Sea cual sea tu caso, en en el Curso de Escritura Creativa de Taller de los Libros te ayudamos a escribir y publicar tu novela. Si estás interesado, ponte en contacto con nosotros en info@tallerdelibros.com para reservar tu plaza.