Los cuadernos de Mark Twain

23 Mar

En el Curso de Escritura Creativa de Taller de los Libros se aconseja a todos los alumnos que lleven siempre un pequeño cuaderno o libreta encima, para anotar las ideas, situaciones o fragmentos de diálogo que escuchen o se les ocurran mientras están lejos de su escritorio.

Un buen ejemplo de escritor que adoptó la costumbre de llevar siempre encima un cuaderno es Mark Twain. Lo cierto es que compró los primeros en 1857, a la edad de 21 años, y por un motivo muy práctico. Estaba estudiando para convertirse en piloto de un vapor en el Misisipí y aunque empezó convencido de que dominaría rápidamente el oficio, pronto descubrió que le costaba recordar todas las instrucciones que le impartía Horace Bixby, su profesor. Bixby le dijo al joven Twain (que entonces era todavía el joven Clemens), “Joven, debe comprarse usted un cuaderno pequeño para que cuando yo le diga una cosa, pueda usted apuntarla al momento”. Twain aceptó el consejo y empezó así su larga relación con los cuadernos de bolsillo.

Uno de los cuadernos que utilizó Mark Twain mientras estudiaba para ser piloto de un vapor en el río Misisipí.

A lo largo de cuatro décadas de su vida Twain lleno entre cuarenta y cincuenta cuadernos. Muy a menudo empezaba un cuaderno nuevo al iniciar un viaje. Los llenaba de observaciones sobre la gente que conocía, reflexiones sobre religión y política, dibujos y bocetos de lo que veía en sus viajes, posibles tramas para su novelas e incluso esquemas de inventos (poca gente sabe que Twain, además de escribir, registró tres patentes). Muchas de sus entradas en los diarios están compuestas por el tipo de frases ingeniosas y mordaces que lo harían famoso.

Twain estaba convencido de que si no escribía todo ese tipo de cosas al momento, las olvidaría rápidamente. También le gustaba anotar en los cuadernos alguna línea sobre su vida cotidiana (qué había comido o a quién había visto) y, por último, en la contracubierta de los cuadernos escribía chistes verdes.

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Twain se hizo encuadernar artesanalmente sus cuadernos siguiendo un diseño propio. Cada página del cuaderno tenía una solapa y, una vez se había usado esa página, arrancaba la solapa, lo que le permitía llegar rápidamente a la primera página en blanco cuando quería anotar una idea.

Uno de los célebres cuadernos que Twain se hacía fabricar expresamente según un diseño que él mismo había creado.

Igual que un fotógrafo debe llevar siempre su cámara, un escritor debe llevar un cuaderno. Si quieres que te ayudemos a convertir los contenidos de ese cuaderno en una novela publicada, el Curso de Escritura Creativa de Taller de los Libros está hecho para ti. Ponte en contacto con nosotros en info@tallerdelibros.com para reservar tu plaza.

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